La música: un retrato social

Este post es una colaboración de Andrea Castro, estudiante de Diseño Gráfico que es una de las fundadoras y directoras del grupo coral Cantar Cruceño, de la UPSA. Escribe sobre la juventud en relación a la música y viceversa.

La música es lo que nos define como almas jóvenes, y curiosos de lo nuevo. Es lo que nos hace inmortales cuando dejamos este mundo. Y es lo que hace que la música sea siempre sea un refugio para muchos, porque es hecha por personas llenas de pasión que quieren contar una historia.

Sin la música la vida sería un error – Nietzsche.

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Una frase como esa puede significar muchas cosas, que la música es lo que no percibimos o un transporte a lo desconocido, por ejemplo.

Un director de orquesta muy reconocido dijo que los jóvenes son el futuro de la música. Esto no quiere decir que los adultos ya están obsoletos en el mundo musical, pero tampoco define del todo cuál o qué es el futuro de la música.

Amadeus Mozart tocaba sinfonías a los 6 años y aunque fuera un poco malcriado –según cuentan quienes lo conocieron- murió joven. Mozart revolucionó la música. Como él, cada joven es una revolución en potencia: los años 60 se caracterizó por uno de los actores sociales más “retratados” y mostrado al mundo desde los Estados Unidos: los jóvenes hippies intentando callar la guerra (de Vietnam) con canciones de paz y amor.

En el arte en general, muchos jóvenes expresaban pinceladas de frustración o alegría y así cambiaban la historia. La música  dio la pauta de la situación o el entorno social que sucedía en el momento en que era creada y recreada, cada vez, de padres distintos, variadísimos, predominantemente jóvenes, en la época de la postguerra (mundial).

El mundo evoluciona por la revolución latente que las personas llevan dentro, y uno de los registros que nos queda para reconocer esas revoluciones es el arte. La música cuenta una historia, no siempre con exactitud o veracidad, pero historia al fin.

Para muchos jóvenes la música es lo que el lenguaje no puede decir, porque la frustración no puede ser totalmente descrita con malas palabras o maldiciendo todo lo que les rodea. Ni siquiera el enamoramiento, un tema recurrente en la música, es fácil de describir en prosa o con palabras; es así como salen los acordes mayores y menores contando y describiendo lo que somos y creemos, a través de la sensación musical.

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La repercusión de un mensaje

Cuando más de una persona se une a tu causa para describir lo que se siente o para transportarte a otra dimensión de realidad (mentalmente) la cosa se pone aún más interesante. Veinte voces cantando e interpretando lo que alguna vez un joven sintió y creyó, es una de las formas de resonancia que puede tener la canción, que lleva una melodía, un mensaje, una historia y muchas formas de estímulos.

Somos jóvenes permeables a todo nuestro alrededor, impulsivos y nos manejamos con la pasión, que es una palabra muy cercana a lo que nos describe. No hemos recorrido todo el mundo pero actuamos como si lo hubiéramos hecho.

Tal como dijo Joan Manuel Serrat, reconocido trovador español, “hacemos camino al andar”. Es decir, no por ser jóvenes somos el futuro, así a secas, pero tenemos el poder de moldearlo a través de nuestras acciones y el arte musical es una forma de acción.

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