¡No me puedo concentrar!

Si cuando estás leyendo algo encontrás que cada vez tenés que releer párrafos enteros porque perdiste el hilo, o estás haciendo alguna actividad en la computadora al inicio del día y pasan las horas y al final de jornada te das cuenta que nunca la terminaste y quedó ahí en la pantalla en segundo plano, seguramente te habrás dado cuenta que se te dificulta concentrarte.

Tal vez por la cantidad de estímulos externos que tenemos “conectados” a nosotros todo el tiempo -llamadas telefónicas, acceso a perfiles y cuentas en internet, notificaciones de correo, mensajes de texto- se nos hace cada vez más difícil mantener la atención por completo en una sola actividad.

20130204_VUConcentración

¿Hasta qué punto es útil poder realizar varias actividades al mismo tiempo (lo que en inglés se conoce como “multitasking”)? Hasta el punto en que cada cosa obtenga la atención que demande.

Hay actividades en las que pensamos que abarcar más nos resuelve el problema, pero en realidad hace que nuestra atención se disperse en cantidades menores (a veces insuficientes) para cosas en que se necesita bastante atención, como manejar el auto mientras hablás por teléfono: ambas son actividades que demandan concentración aunque no lo parezca, y una conversación puede llevar nuestra mente a otro lugar, haciendo que no nos demos cuenta de un semáforo, de peatones cruzando o de otros autos cercanos a nosotros.

La atención dispersa demanda un esfuerzo innecesario e infructífero de nuestra mente: es muy estresante estar pendiente de tres o cuatro cosas a la vez, y las probabilidades de obtener resultados mediocres por eso, son muy altas. Casi seguras.

Para concentrarte mejor, tomá en cuenta lo siguiente:

1. Hacé un “seguimiento” a las tareas

Cada vez que comencés una tarea o actividad, anotálo y colocá la hora de inicio. Programá una alarma quince minutos después del inicio y cuando suene, fijate si seguís realizando la actividad inicial. En caso de que no, volvé a ella, y repetí la operación. Cada vez se hará más fácil mantener el hilo, porque te vas a ir dando cuenta de la cantidad de cosas que dejás a medias. Este reconocimiento de problema es muy útil para resolverlo.

2. Controlá las distracciones controlables

Hay cosas que interrumpen nuestro hilo de concentración sin que podamos hacer mucho al respecto (visitas, llamadas, urgencias repentinas) pero pueden ser minimizadas, y otras dependen mucho más de la persona y su decisión de si permitirlla interrupción o no.

Cuando estás en la computadora, cada cierto tiempo podés tener el impulso de revisar tus redes sociales, tu correo o hasta te vas por las ramas por seguir enlaces que te parecen interesantes. Esto puede minimizarse con autocontrol (ah, pero no todos tenemos eso, ¿y ahora?). Otra forma de evitar distracciones es desconectarse:

Podés, por ejemplo, desconectar el internet mientras leés un documento largo. El impulso de revisar cosas se verá detenido por el esfuerzo extra de volver a conectar; y aunque igual lo hagás, significa un paso más en el que podés sentir un poco de culpa por ceder ante la distracción y, por eso mismo, decidís volver a lo que estabas. Si no lo hacés con la conexión a internet podés hacer algo parecido con las contraseñas: desactivá el autoguardado para que cada vez tengás que tipear la clave, este se convierte en otro momento de reconocimiento de pérdida de la concentración. Lo mismo con el teléfono: podés silenciarlo para que los sonidos no te interrumpan, y luego de un periodo de concentración considerable con el que te sintás satisfecho, lo podés revisar y “atender” sus pedidos.

3. Dormí y comé bien

Aunque suene trillado será muy difícil que, por más autocontrol que hayás conseguido cultivar, podás concentrarte con un cerebro mal descansado y mal nutrido. Las horas nocturnas de sueño reparan la actividad neuronal, haciendo que el funcionamiento del cerebro se “reinicie” fresco y energizado, capaz de realizar los procesos mentales en toda su capacidad. Lo mismo va para el alimento: la hidratación constante, la ingesta variada de vitaminas, grasas naturales, granos y minerales, son imprescindibles como combustible del cerebro. Podés ver alimentos que ayudan a la concentración en este artículo.

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